Hecho por Claudia y por mí.
Sana al mundo.


Somos coro de ninfas enardecidas
el vaivén de las olas en su madrigal
canto suave que penetra en la arena
danza de oceánida en su trinar.
Soy agua cuando te fundes en mí
Tu sudor es la sal de la mar.
Somos fuerza de inspiración para musas
potencia de viento huracanado
flotando en la aurora boreal
soplido de pureza infinita
Yo el aliento del universo
Y tú su pulmón inmortal.
Somos lava de volcán en erupción
fuerza vehemente de cuerpos calientes
salamandra que arde en su rincón
rayos del sol sobre rocas ardientes
Soy brasa de hoguera ferviente
Eres humo sagrado en furor.
Somos refugio de ardillas y duendes
Madriguera que acoge en su dulce candor
Corre en nuestra sangre sabia bendita
Por el sudor de la tierra y su noble misión
Yo soy la raíz silvestre del árbol de la vida
Y tú eres sus hojas que apuntan a Dios.
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A veces me ciego un poco, y suelo irme en fade out, se desvanece lo que me crea certezas, frente a mis ojos se evapora la claridad, pero vuelve siempre en tornasoles.
De vez en cuando me nublo en frente del espejo, porque la persona que está ahí no soy yo, y no me agrada su cara.
Pero siempre vuelvo a mi misma como si nos hubiese separado un largo viaje, y me alegra el reencuentro, porque no hay nada más triste que alejarse de uno mismo.
Hoy no quise ir a clases, no me sentía bien, tengo una gripe (de putamadre) que me está matando, pero no es tanto el cuerpo el que me duele, si no que me duele el alma, y me duele el ego. El alma por un lado me dice: “¡Qué vida de perros! ¡Que mundo de mierda! Tener que pasar a ser una sombra más de los recuerdos ajenos, una pieza gastada del ajedrez roto, un fantasma del tiempo”. El ego me responde: “¡Que se jodan todos! Vales más que un montón de palabras con mucha diplomacia, que guardan un cerro de razones ocultas y dolorosas y unos oídos permanentemente cerrados por no querer quedar con sordera de mundo”.
Yo no quiero ser un andariego sin vaca, yo no quiero ser espectador de un discurso maqueteado.
Yo quiero aquello que he hecho mío porque lo sembré, le eché agüita, le di sol cuando había que alumbrarle, y sombra cuando necesitó un respiro.
Y entiendo que no hay tiempo ni distancia que separe a las almas que se hayan unidas por un plan divino. Es sólo que, no hay corazón que aguante. Mi veneno es la única forma de dosificar mi impaciencia, porque por muy firme que sea el elástico sólo dura lo que el otro quiere que dure, cuánto lo estire. Yo no soy quien anda cortando manos y pies sólo por necesidad de libertad (nací libre, nadie puede quitarme eso) yo corto cabezas cuando es el momento, y no doy vuelta a atrás, es por eso que me agotan tanto las idas y vueltas.
Se bien que soy insoportable, y se bien cuando. Que no se quedarme callada, que no tengo filtro, y todas esas cosas que puedan decirse de mí, pero se también quien soy, y tengo en claro que no paso fácilmente de un extremo al otro si no me dan razones para ello.
Me siento realmente molesta, pero también me siento como cuando termina la tormenta y sale el sol, y se ven los escombros en el suelo, pero aun uno piensa ¡oh! ¡estoy intacto!. Y claro está, que uno nunca queda tan intacto después de una gran tormenta, pero al menos, al menos, se que puedo construir nuevos cimientos sobre estas ruinas que dejo el invierno.
Porque no importa cuanto digas que de nada vale todo el conocimiento que hemos adquirido a través de los siglos, así de la misma forma, de nada valdría la palabra de un amigo que hemos dejado atrás. La historia no es polvo que pueda esconderse debajo de la alfombra. Y no se trata de ir acumulando conocimiento como recipientes vacíos que hay que llenar, ni tampoco de obsesionarse con ello y pararse sobre una columna de libros a dar cátedra de lo aprendido, porque el mundo no funciona así. Yo quiero abrir esa ventana que me invita a un lugar donde ambas cosas se pueden conjugar: la belleza de la ignorancia junto a la magia del saber.


Yo se bien que eso no es amor, ni mucho menos amar.
No soy de aquellos que pretenden dar cátedra sobre el significado de aquella palabra tan manoseada, respeto las opiniones ajenas, pero por ningún motivo daré mi favor a esas personas que hacen del miedo un apogeo de la odiosidad.
"Esa no es la forma de mi corazón"
Yo no creo en las palabras bellas que no van acompañadas de actos.
Yo no creo en los actos que simulan ser heroicos y quijotescos, si la intención que está detrás de ellos se mantiene oculta.
Creo en la sinceridad del alma, cuando los actos no son forzados pero requieren de esfuerzo, cuando las palabras no son todo el tiempo dulces, pero son honestas.
Es ahí cuando la belleza de la retórica cobra sentido, y entonces sí puedo prestar oído a ese trinar.
No existe tal cosa cómo el amor incondicional, cuando se guarda el egoísmo propio detrás de una máscara cínica y sonriente.
No existe tal cosa cómo el amor universal, cuando no se cuidan las flores del propio jardín.
Y no existe nadie capaz de enseñar a otro cual es la forma correcta de amar, si tropieza en su discurso con palabras carentes de benevolencia.
Yo no soy la persona idonea para decir esto. Soy alguien que ha cometido muchos errores en la vida, pero he aprendido un par de cosas que me parecen importantes, la primera es que hay que saber perder para poder ganar, y la segunda es que el amor es en parte corazón y en parte decisión, es la única forma de sentirlo y vivirlo a la vez. Con egoísmo compartido, con desinterés compartido, con seguridad en uno mismo y plena confianza en el otro.
Si sólo vive en nuestros corazones: se pudre. Si sólo existe en nuestras decisiones: se marchita.
Y no importa cuan bellos sean tus sentimientos, ni cuan firme tu decisión.
Si no van de la mano no tiene sentido defender su causa.